Javier Sánchez en Tierra Santa y el Congreso Internacional de Jóvenes de Medio Oriente

Este mes de agosto pasado del año 2019 tuve la maravillosa oportunidad de pasar tres semanas entre Israel, Palestina y Jordania con un grupo de jóvenes provenientes de Medio Oriente y Norte de África. Aprovechando mi estancia por trabajo en Jordania, decidí pasar mis vacaciones para conocer y entender mejor esta zona histórica. Así, dentro de este fantástico viaje, os escribo algunas de las impresiones que me llevo de este verano inolvidable.

En Tierra Santa pude visitar las ciudades de Tel Aviv, Haifa, Nazaret, lago Tiberíades, Jerusalén y Belén. Fueron dos semanas en las que visité a amigos que hacía tiempo que no veía. La impresión que me llevo en general de Israel es que es un país muy moderno y desarrollado, con un parecido más que razonable a cualquier ciudad europea o americana, y una sociedad dividida por la religión y la raza de sus ciudadanos. En el estado de Israel se diferencian a los judíos de los árabes, y éstos pueden ser cristianos o musulmanes. Esta política de diferenciación y segregación entre religiones, y que se vive en su máximo sentido en Jerusalén, hace que la visita por el país te deje dividido con una sensación de estar reviviendo los lugares santos dentro de una sociedad triste y quebrada. Incluso en las conversaciones que pude tener con cualquiera que viviera allí, sea de la religión que sea, me hizo demostrar su desencanto y hastío con la situación que vive el país. Además, existe una fuerte contradicción de lo que supone vivir en una ciudad cosmopolita, internacional y liberal como es Tel Aviv, y una ciudad santa y tradicional como es Jerusalén.

Nazaret es una ciudad con una fuerte presencia árabe, en su mayoría musulmana, a pesar de que aquí se encuentra la Basílica de la Anunciación. Me comentaban mis amigos que en Jerusalén echan en falta la presencia de gente joven cristiana, debido a que la mayor parte de jóvenes cristianos van a estudiar a Haifa, Tel Aviv o al extranjero y ya no regresan. Es una ciudad que está más alejada del resto de ciudades de Israel y eso se nota en la demografía y vitalidad de la ciudad. Por si alguien está interesado, existe la posibilidad de hacer voluntariados en esta ciudad para jóvenes que tengan estudios en los campos de la comunicación, diseño, informática o idiomas.

Tel Aviv, la ciudad más internacional y liberal de Israel es, sin lugar a dudas, la más occidentalizada de todo Medio Oriente. En esta ciudad, fundada en el año 1906, puedes encontrar a gente de todo el mundo. Es una ciudad de poco interés turístico, excepto la zona del puerto de Jaffa, pero en la que puedes encontrar mucha fiesta, diversión, negocios, actividad, playa y enormes rascacielos en su barrio financiero. La presencia religiosa en esta ciudad enorme es muy poco significativa.

Haifa se trata de uno de los lugares que más bonitos de todo Israel. Con el Monte Carmelo a su espalda y una inmensa playa mediterránea, me hizo recordar a mi Murcia natal. Muy interesante haber visitado el Monasterio de las Carmelitas y la Iglesia de la religión Baha’is. Aquí la comunidad cristiana es más grande que en las ciudades anteriores. Además, es una ciudad con algunas de las mejores universidades tecnológicas de Israel y con muchas empresas internacionales por lo que atrae a los jóvenes a estudiar aquí.

Belén es una ciudad que pertenece todavía a Palestina, así que para ir a visitar la Basílica de la Natividad, donde según la tradición nació Jesús, hay que pasar un muro enorme que divide Israel y Palestina. Aquí también cuenta con una comunidad cristiana y musulmana grande, y que se conllevan en paz. La Basílica de la Natividad es muy bonita y merece la pena venir a verla. En las catacumbas de la basílica se encuentran las grutas de San José y San Gerónimo. LA sensación que me llevo de esta ciudad es que está un muy triste debido al enorme muro que tienen que soportar sus habitantes para cruzar a Israel, lo que por ejemplo hace que un cristiano árabe tenga que esperar 6 u 8 horas para cruzar al otro lado del muro si quiere ir al hospital o al colegio. Y ya no digamos un musulmán árabe. Algunos de sus habitantes jóvenes me contaban que por esta razón muchos prefieren buscar futuro fuera de Palestina.

La última ciudad que visité fue Jerusalén. Ciudad de las tres religiones monoteístas con más fieles en todo el mundo y sagrada para los judíos, musulmanes y cristianos. De todas las ciudades, es la que más me impactó debido a sus grandes contrastes entre barrios y religiones. Dicen que es un buen lugar para perder la fe por la manera en la que sus habitantes conllevan la profesión de su religión. Aquí puedes encontrar a gente de todo el mundo en la que la diversidad es lo común y en el que hay poco resquicio para la paz entre ellos, por lo que es normal ver al ejército en la calle. En mi opinión, Jerusalén debería de ser la ciudad símbolo de la paz y uno de los objetivos prioritarios en la agenda internacional de las Naciones Unidas. Aquí te puedes encontrar de todo y a todo tipo de gente. Es el lugar idóneo para profundizar en la historia de la humanidad y de las religiones. Mi interés por la historia y la cultura hizo que me parara en cada rincón de la ciudad por su enorme trascendencia histórica. Cuando te explican la historia de la ciudad en orden cronológico, hablas con sus habitantes, ahondas en la raíz de cada religión y en la importancia de los detalles en las sagradas escrituras, te das cuenta de la verdadera dimensión de Jerusalén en nuestra historia y la importancia vital que supone esta ciudad para la paz entre las distintas religiones.

Al terminar este viaje en Tierra Santa viajé con algunos jóvenes árabes cristianos para acudir a un congreso internacional de jóvenes de Medio Oriente y Norte de África durante tres días. Un congreso que reunión a 170 jóvenes de Siria, Irak, Líbano, Jordania, Palestina, Egipto, Argelia, Marruecos, Francia e Italia, co-financiado por los fondos Erasmus + de la Unión Europea para favorecer el diálogo y el intercambio cultural entre jóvenes comunitarios y de países terceros. Entre estos jóvenes había cristianos y musulmanes. En estos tres días he vivido una experiencia de fraternidad entre jóvenes con historias tan diversas que hizo el congreso de desarrollara una atmósfera propicia para creer en un futuro más esperanzador en esta región del planeta. Muchos de estos jóvenes han vivido una guerra civil o con otros países, inestabilidad en sus países, cambios de régimen democrático, supresión o merma de los derechos y libertades individuales, crisis políticas y económicas de complicada solución. El programa en el congreso se invitaba a la reflexión con crítica de cómo cada uno vive y lleva la paz en su entorno. Creen en un futuro de paz y prosperidad en cada uno de los países y se muestran optimistas. Bailamos y tuvimos momentos de diálogo casi sin descansar para exprimir al máximo cada momento que estuvimos juntos. Al menos en estos días les sirvió para conocerse y establecer una relación de amistad y cooperación para próximos eventos y actividades juveniles. Ojalá que estos jóvenes sean la llave para la paz en Medio Oriente.

En definitiva, ha sido para mí un gran placer y alegría haber pasado tres semanas descubriendo Medio Oriente, su riqueza y enorme legado histórico. Creo que es importante que la gente joven vivamos este tipo de experiencias que nos hagan descubrir la realidad en el resto del mundo para ser responsable de llevar la paz en cada lugar y momento que viva. Es un verano que nunca olvidaré.

 

2019 09 13 Experiencia Javi Jordania
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