Francisco Sánchez Abellán

Iniciador del Movimiento de los Focolares en Aljucer

Fallecido en Murcia el día 8 de enero de 2009

Paco_Sanchez_semblanzaPaco Sánchez Abellán era un sacerdote de la Diócesis de Cartagena. Conoció el Movimiento de los Focolares cuando, en sus años jóvenes, estudiaba lenguas clásicas en la Pontificia de Salamanca. La espiritualidad de dicho Movimiento le cautivó. Igual que a tantos sacerdotes de todo el mundo. Los que en España hemos compartido con él la misma espiritualidad, y debido a ello le hemos conocido de cerca, sentimos un gran vacío con su partida porque Paco era Paco, un hombre irrepetible, original. Su partida, no obstante, lejos de entristecernos, nos alegra porque sabemos que, desde el cielo, puede ayudarnos más que lo hiciera sobre la tierra.

Semblanza

En los últimos días todos hemos recordado muchos de los momentos vividos junto a Don Francisco Sánchez Abellán. Su paso por distintas parroquias de esta diócesis ha sido sin duda, como ya nos comentó nuestro obispo en su funeral, “una siembra” de sabiduría que ha fructificado en el nacimiento y crecimiento de la Obra de María en nuestra región.

Un denominador común se esconde detrás de estos recuerdos que hemos compartido: un deseo de gritar un enorme GRACIAS. Gracias por su entrega, por sus consejos, por su labor pastoral, por su pasión por el arte, por su alegría, por su paciencia, por su generosidad, pero, sobretodo y muy especialmente, por sus actos de amor con cada uno de nosotros.

¿Cómo vivió Don Francisco, nuestro querido Paco, su última etapa del Santo Viaje en esta tierra antes de presentarse ante el Eterno Padre? Una impresión

compartida el día del funeral con el Vicario General de la Diócesis, con Don Miguel Ángel Cárceles Cárceles, refleja cuál fue la actitud de Paco una vez que conoció y fue consciente de la gravedad de su enfermedad: “En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu”. Él tuvo la misma actitud que Jesús cuando instantes de antes de morir, justo antes de expirar en la Cruz, se encomendó al Padre. Como nos comentaba D. Miguel Ángel, “murió como Jesús… murió lleno de paz; destrozado, pero sin una palabra en contra de nada ni de nadie; su mirada, siempre bellísima, se iluminaba cuando hablaba de Jesús; realmente podemos afirmar que ha sido una persona extraordinaria”.

Que no nos quepa duda, D. Francisco fue fiel a su Sí, como María. Otro testimonio así lo refleja; alguien le preguntó recientemente: “¿Paco no te revelas contra Dios, después de todo lo que has hecho durante toda tu vida y ahora te manda esta enfermedad?” Paco le contestó: “No puedo revelarme contra el Padre ya que desde la eternidad ya había pensado en hacerme este regalo y por esto acojo todo como un regalo de las manos del Padre”. Hay varios testimonios que insisten en esta misma realidad, “cuando le preguntaba cómo estaba, siempre me decía que la enfermedad que tenía era un regalo, un don de Dios”. Otro testimonio insiste en su generosidad, “cuando iba a verlo le llevaba bombones y él me decía: ¡qué bien, ya tengo para darle a los seminaristas cuando vengan a verme!”.

Las experiencias compartidas también reflejan que su forma de vivir la enfermedad ha sido un ejemplo para muchos. “Me impresionaba cómo entendía claramente la enfermedad como una Voluntad de Dios, se notaba… su cara de aceptación; su cuerpo entero hablaba de saber perder dignamente, de una donación completa a Jesús. Una vez que lo visité al hospital, aunque casi no podía hablar lo primero que hizo fue preguntarme cómo estaba yo, él sabía que hacía unos días que yo había estado enferma. Él lo tenía todo presente, ofrecía su dolor por cada miembro de la comunidad que sufría, me emocionó cómo vivía este dolor. Enseguida no habló nada más, no tenía fuerzas”.

En otro de los correos recibidos podemos leer: “creo que Paco ha sabido pasar por la vida dejando una huella profunda, es un ejemplo para poder imitar. Yo destacaría la expresión de su mirada. Cuando te hablaba necesitaba pocas palabras para hacerte sentir que se hacía uno rápidamente contigo. Recuerdo cuantas veces he salido de sus homilías resuelta, dispuesta a continuar amando y con las ideas ordenadas sin dejar lugar a la duda”.

Hay quien afirma que “Paco siempre estaba dispuesto actuar como sacerdote para escucharte, para los sacramentos, para una necesidad personal o de la comunidad… Sí, por supuesto, pero es que todo esto lo hacía intensamente; en las relaciones personales intentaba entrar dentro de tu alma y después de escucharte profundamente te respondía con su propia experiencia y rara vez no te sentías reconfortado, además no recuerdo ningún consejo gratuito”.

Otra persona nos recordaba así su encuentro con Paco. “A mis trece años me encontré con una persona que sin saber gran cosa de mí, me proponía hacer de Dios el ideal de mi vida, reconozco que no era muy consciente de lo que me esta proponiendo… Me atrajo su propuesta, creo que era la primera cosa seria que me proponían y hasta me resultaba perfectamente posible porque veía esa misma decisión y esa misma actitud en Paco; él había elegido hacer de Dios el ideal de su vida y era una persona que rebosaba sabiduría, alegría, vitalidad, buen humor, paciencia… Las confesiones con él eran diálogos que te enriquecían el alma. Paco era creíble porque vivía lo que decía, te convencían sus hechos y sus palabras eran totalmente creíbles… Estoy seguro que mi vida ahora sería muy distinta de no haber conocido a Paco, por eso ¿como no darle gracias a Dios por todo lo que él ha significado?”.

Otro testimonio: “Paco ha sido especial en la vida de muchísima gente que ha tenido la suerte de conocerlo; para mi fue como un segundo padre, lo conocí con apenas 14 años y he crecido junto a él, al igual que una enorme generación de jóvenes que hoy ya la mayoría somos padres de familia. Su vida, su forma de ser, su mirada… transmitían vida. Cuando en el funeral se cantó la canción “He encontrado un tesoro” parecía que lo estaba viendo allí en la parroquia enseñándonos a cantarla, pero lo más importante, a sentir que ese tesoro que él nos presentaba iba a marcar el destino de nuestras vidas. Paco, no tengo palabras para expresar lo que siento, doy las gracias a Dios por haberte puesto en mi vida, seguro que ahora desde el cielo seguirás muy cerca de todos los que te hemos querido tanto en la tierra”.

Y aún otro más: “Durante el funeral recordaba un sermón de nuestro D. Francisco, en el que nos decía que cuando el muriera y se presentara ante el padre solo diría “yo soy gracias” y me lo imaginaba con su cara bondadosa siempre dispuesto a escuchar. Somos muchos los que hemos recibido sus gracias y le debemos mucho. En definitiva para mi se me ha ido un trozo de mi vida…”.

Todas estas palabras y muchas más podríamos suscribirlas todos y cada uno de nosotros. Apenas ha pasado una semana de su partida hacia el Paraíso y ya podríamos escribir un pequeño libro con nuestros testimonios. Que sirvan estas últimas palabras para recordar precisamente las suyas. En una publicación que recoge los comentarios de D. Francisco a 20 imágenes sobre el Santo Rosario que se exhiben en el recorrido que hacen los peregrinos desde la iglesia de El Salvador, su primer destino como sacerdote, hasta la Basílica Santuario de la Vera Cruz, en Caravaca; podemos leer: “La Razón por la que Dios es Verdad (Dogma), Bondad (Moral), Justicia…, es igualmente válida para Dios Belleza, y cuando se hermanan estética, dogma, Biblia y cultura y se tocan las fibras más sensibles del ser humano que, por estar hecho a imagen y semejanza de Dios, tiene los mismos atributos de Dios es espera de que alguien los despierte. Nos preguntamos con Dostoiewski. “¿No será La Belleza la que salve el mundo?”. De hecho el ser humano puede disentir, tener una visión del mundo y su entorno distinta, pero todos están de acuerdo, coinciden en disfrutar la belleza de la creación, la belleza moral, la belleza estética de cualquier época o cultura a la que pertenezca. Todas estas bellezas despiertan, ayudan a pasar de la potencia al acto, al Dios Belleza que todos llevamos dentro”.

GRACIAS, PACO, POR HABERNOS MOSTRADO EL CAMINO PARA ENCONTRAR A DIOS BELLEZA; GRACIAS, PACO, POR HABER CAMINADO JUNTO A NOSOTROS EN TU SANTO VIAJE EN ESTA TIERRA Y GRACIAS POR HABERTE SENTIDO “HIJO DE DIOS”, TAMBIÉN EN EL MOMENTO DE PARTIR HACIA EL CIELO. “Sentiste el Amor de Dios y lo invocaste para entregarle tu espíritu. Como Jesús Abandonado. ¡Qué paradójica belleza la de Jesús!, como diría Chiara. ¡Qué paradójica belleza la tuya Paco!.

El arte de Paco Sánchez “La estética al servicio de la fe”

Opiniones sobre Paco Sánchez en la página siguiente…

Recogidas de www.laverdad.es. 


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