La Mística en San Juan de la Cruz (recitado de poemas)

Parroquia de Nta Sra de los Dolores de Aljucer.

Miércoles 10 de abril de 2019.

Este año, la colaboración de la Comunidad Local Focolar de Aljucer (ACLF Aljucer) con las fiestas Patronales de Aljucer en honor de Nta Sra de los Dolores, ha consistido en un recitado de poemas de San Juan de la Cruz. La idea surgió en una excursión realizada a Caravaca de la Cruz, a primeros de año, para ver la exposición Místicos.

Caravaca de la Cruz se volcó en 450º aniversario de la llegada de San Juan de la Cruz a su localidad. Con este motivo se realizaron diversos actos que culminaron con una exposición fantástica, recreando la cultura del siglo XVI en general y la de la Mística española en particular que denominaron Místicos.

Desde ese momento empezamos a pensar en que nuestra colaboración con la fiestas patronales de 2019, podrían servir también para poner en valor los valores que emanan de de la Mística de san Juan de la Cruz.

Al final ha quedado un acto muy sencillo de recitado de poemas con música de fondo tras la Misa y el Quinario en honor de nuestra patrona. Pero estamos muy contentos de poder habernos acercado a este referente de la Mística universal en honor de “la mística por excelencia”, la Virgen María que llevó dentro a Dios, estuvo junto a Él hasta su muerte y su resurrección.

Presentación del acto:

La Mística en San Juan de la Cruz. Presentación. Recuerdo de Caravaca de la Cruz. El 450 aniversario de la llegada de San Juan de la Cruz a tierras murcianas.

  1. Datos sobre la vida de san Juan de la Cruz.
  2. Qué es la Mística.
  3. Obras importantes en verso de san Juan.
  4. Datos sobre la vida de San Juan de la Cruz.

Juan Yépez Álvarez (San Juan de la Cruz), nació en Fontiveros -Ávila, Castilla – España, en 1542. De pequeño tuvo que trabajar como sastre, carpintero, tallista y pintor.

Su vocación religiosa lo llevó a estudiar con los Padres Jesuitas, luego ingresó a la Orden de los Carmelitas. Se ordenó sacerdote en 1567, dedicándose a reformar la orden religiosa a la que pertenecía, junto con su compueblana.

Del 4 de diciembre de 1577 hasta el 15 de agosto del 1578 estuvo prisionero en Toledo.

  1. Qué es la Mística:

La mística designa un tipo de experiencia muy difícil de alcanzar en la que se llega al grado máximo de unión del alma humana a lo Sagrado durante la existencia terrenal.

La mística se diferencia de la ascética en que esta ejercita el espíritu humano para la perfección, a manera de una propedéutica (preparación) para la mística,

  • mediante dos vías o métodos, la purgativa y la iluminativa,
  • mientras que la mística, a la cual solo pueden acceder unos pocos, añade a un alma perfeccionada por la gracia o por el ejercicio ascético la experiencia de la unión directa y momentánea con Dios, que solo se consigue por la vía unitiva, mediante un tipo de experiencias denominadas visiones o éxtasis místicos, de los que son propios una plenitud y conocimiento tales que son repetidamente caracterizados como inefables por quienes acceden a ellos.

En resumen:

  • Vía purgativa: el alma se purifica de sus vicios y sus pecados mediante la penitencia y la oración
  • Vía iluminativa: una vez purificada, el alma se ilumina al someterse total, única y completamente a la voluntad de Dios.
  • Vía unitiva: el alma se une a Dios, produciéndose el éxtasis que anula los sentidos. A este punto sólo pueden llegar los elegidos
  1. Obras de san Juan de la Cruz.

San Juan de la Cruz representa, junto a Santa Teresa de Jesús, la cumbre de la poesía mística española. Sus poemas se caracterizan por un equilibrio entre las imágenes sensuales y el rigor impuesto por el ascetismo, típico de estas composiciones.

Sus poemas son de inspiración divina, que lo condujo a la escritura para expresar la experiencia mística vivida por él. Comunica la contemplación, utilizando símbolos líricos.

San Juan de la Cruz, místico por excelencia, es un ejemplo de espiritualidad, de poesía y de santidad.

  • En sus tres poemas mayores –“Llama de amor viva”, “Cántico espiritual” y “Noche oscura”, el poeta condensó sus propias vivencias personales, derivadas del constante anhelo de que su alma alcanzase la fusión ideal con Dios.  
  • En “Llama de amor viva”, recrea la emoción del éxtasis amoroso;
  • En “Noche oscura”, utiliza la imagen de una muchacha que escapa por la noche para encontrarse con su enamorado, como representación de la huida del alma de la prisión de los sentidos en busca de la comunión con el Creador.
  • Cántico espiritual” (canciones entre el alma y el esposo) es la obra más compleja; en ella se detallan las diferentes vías que recorre el alma hasta lograr fundirse con la divinidad. Tomando como modelo el “Cantar de los Cantares” de la Biblia, el autor describe la búsqueda del Esposo (Dios) por parte de su esposa (el alma), que pregunta por él a las criaturas de la naturaleza. Tras encontrarlo, se sucede un diálogo amoroso que culmina con la unión de los dos amantes.
  • Además de estos tres grandes poemas, vamos a escuchar también: canciones del alma que conoce a Dios, canciones a lo divino de Cristo y el alma, coplas en pena del alma por ver a Dios y para terminar: No me mueve, mi Dios, para quererte.

Más allá de creencias personales, el lenguaje y las imágenes que utiliza San Juan de la Cruz conmueven por su profundo lirismo porque, en el fondo, tratan sobre uno de los temas que siempre han preocupado al hombre: el amor en cualquiera de sus manifestaciones.

Hemos querido homenajear a la Virgen de los Dolores con los poemas de este místico universal porque pensamos que María es la Mística por excelencia, llevó dentro a Dios, siempre estuvo junto a Él y además sintió su pérdida en el momento de mayor dolor.

Muchas gracias.

2019-04-16 san juan de la cruz

A continuación las poesías

SAN JUAN DE LA CRUZ

Poesías – Cántico Espiritual. Canciones entre el Alma y el Esposo.

ESPOSA

¿A dónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.

Pastores los que fuerdes
allá por las majadas al otero,
si por ventura vieres

aquel que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.

Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas,
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.

PREGUNTA A LAS CRIATURAS

¡Oh, bosques y espesuras,
plantadas por la mano del Amado,
oh, prado de verduras,
de flores esmaltado,
decid si por vosotros ha pasado!

RESPUESTA DE LAS CRIATURAS


Mil gracias derramando,
pasó por estos sotos con presura,
y yéndolos mirando,
con sola su figura,
vestidos los dejó de hermosura.



ESPOSA

¡Ay, quién podrá sanarme!
Acaba de entregarte ya de vero;
no quieras enviarme
de hoy más ya mensajero,
que no saben decirme lo que quiero.

Y todos cuantos vagan,
de ti me van mil gracias refiriendo
y todos más me llagan,
y déjame muriendo
uno no sé qué que quedan balbuciendo.

Mas, ¿cómo perseveras,
oh, vida, no viviendo donde vives,
y haciendo porque mueras,
las flechas que recibes,
de lo que del Amado en ti concibes?

¿Por qué, pues has llegado
a aqueste corazón, no le sanaste?
y pues me lo has robado,
¿por qué así le dejaste,
y no tomas el robo que robaste?

Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshacellos,
y veánte mis ojos,
pues eres lumbre dellos,
y sólo para ti quiero tenellos.

Descubre tu presencia,
y máteme tu vista y hermosura;
mira que la dolencia
de amor que no se cura
sino con la presencia y la figura.

¡Oh, cristalina fuente,
si en esos tus semblantes plateados,
formases de repente
los ojos deseados,
que tengo en mis entrañas dibujados!

Apártalos, Amado,
que voy de vuelo.



ESPOSO

Vuélvete, paloma,
que el ciervo vulnerado
por el otero asoma,
al aire de tu vuelo, y fresco toma.

ESPOSA

Mi Amado, las montañas,
los valles solitarios nemorosos,
las ínsulas extrañas,
los ríos sonorosos,
el silbo de los aires amorosos.

La noche sosegada
en par de los levantes de la aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena, que recrea y enamora.

Cazadnos las raposas,
que está ya florecida nuestra viña,
en tanto que de rosas
hacemos una piña,
y no parezca nadie en la montiña.

Detente, Cierzo muerto;
ven, Austro, que recuerdas los amores,
aspira por mi huerto,
y corran sus olores,
y pacerá el Amado entre las flores.

ESPOSA

¡Oh ninfas de Judea,
en tanto que las flores y rosales
el ámbar perfumea,
mora en los arrabales,
y no queráis tocar nuestros umbrales!

Escóndete, Carillo,
y mira con tu haz a las montañas,
y no quieras decillo;
mas mira las compañas
de la que va por ínsulas extrañas.

A las aves ligeras,
leones, ciervos, gamos saltadores,
montes, valles, riberas,
aguas, aires, ardores,
y miedos de las noches veladores.

Por las amenas liras
y canto de sirenas os conjuro
que cesen vuestras iras,
y no toquéis al muro,
porque la Esposa duerma más seguro.

Entrádose ha la Esposa
en el ameno huerto deseado,
y a su sabor reposa,
el cuello reclinado
sobre los dulces brazos del Amado.

Debajo del manzano,
allí conmigo fuiste desposada
allí te di la mano,
y fuiste reparada,
donde tu madre fuera violada.

Nuestro lecho florido,
de cuevas de leones enlazado,
en púrpura tendido,
de paz edificado,
de mil escudos coronado.

A zaga de tu huella
las jóvenes discurren el camino
al toque de centella,
al adobado vino,
emisiones de bálsamo divino.

En la interior bodega
de mi amado bebí, y cuando salía
por toda aquesta vega,
ya cosa no sabía,
y el ganado perdí, que antes seguía.

Allí me dio su pecho
allí me enseño ciencia muy sabrosa,
y yo le di de hecho
a mí, sin dejar cosa;
allí le prometí de ser su esposa.

Mi alma se ha empleado,
y todo mi caudal en su servicio:
ya no aguardo ganado,
ni ya tengo otro oficio;
que ya sólo en amar es mi ejercicio.

Pues ya si en el ejido
de hoy más no fuere vista ni hallada,
diréis que me he perdido,
que, andando enamorada,
me hice perdidiza, y fui ganada.

De flores esmeraldas
en las frescas mañanas escogidas,
haremos las guirnaldas,
en tu amor florecidas,
y en un cabello mío entretejidas.

En sólo aquel cabello,
que en mi cuello colar consideraste,
mirástele en mi cuello,
y en él preso quedaste,
y en uno de mis ojos te llagaste.

Cuando tú me mirabas,
tu gracia en mí tus ojos imprimían;
por eso me adamabas,
y en eso merecían
los míos adorar lo que en ti vían.

No quieras despreciarme,
que, si color moreno en mí hallaste,
ya bien puedes mirarme,
que gracia y hermosura en mí dejaste.

La blanca palomica
al arca con el ramo se ha tornado,
y ya la tortolica
al socio deseado
en las riberas verdes ha hallado.

En soledad vivía,
y en soledad ha puesto ya su nido,
y en la soledad la guía
a solas su querido,
también en soledad de amor herido.

ESPOSA

Gocémonos, Amado,
y vámonos a ver en tu hermosura
al monte o al collado,
do mana el agua pura:
entremos más adentro en la espesura.
Y luego a las subidas
cavernas de la piedra nos iremos,
que están bien escondidas,
y allí nos entraremos,
y el mosto de granadas gustaremos.
Allí me mostrarías
aquello que mi alma pretendía,
y luego me darías
allí tú, vida mía,
aquello que me diste el otro día.
El aspirar del aire,
el canto de la dulce Filomena,
el soto y su donaire,
en la noche serena
con llama que consume y no da pena.
Que nadie lo miraba,
Aminadab tampoco parecía,
y el cerco sosegaba,
y la caballería
a vista de las aguas descendía..

San Juan de la Cruz –

SAN JUAN DE LA CRUZ

Poesías – Llama de amor viva

¡Oh, llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres,
rompe la tela deste dulce encuentro.

¡Oh, cautiverio suave!
¡Oh, regalada llaga!
¡Oh, mano blanca ¡Oh, toque delicado,
que a vida eterna sabe,
y toda deuda paga!
Matando muerte en vida la has trocado.

¡Oh, lámparas de fuego
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con extraños primores
calor y luz dan junto a su Querido!

¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno,
donde secretamente solo moras,
y en tu aspirar sabroso
de bien y gloria lleno
cuán delicadamente me enamoras!

¡Oh, llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres,
rompe la tela deste dulce encuentro.


¡Oh, cautiverio suave!
¡Oh, regalada llaga!
¡Oh, mano blanca ¡Oh, toque delicado,
que a vida eterna sabe,
y toda deuda paga!
Matando muerte en vida la has trocado.


¡Oh, lámparas de fuego
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con extraños primores
calor y luz dan junto a su Querido!

¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno,
donde secretamente solo moras,
y en tu aspirar sabroso
de bien y gloria lleno
cuán delicadamente me enamoras!

Poesías – Canciones del alma que conoce a Dios

Que bien sé yo la fonte que mana y corre
aunque es de noche.
 

Aquella eterna fonte está ascondida,
que bien sé yo do tiene su manida,
aunque es de noche.

Su origen no lo sé, pues no le tiene,
mas sé que todo origen della viene,
aunque es de noche.


Sé que no puede ser cosa tan bella,
y que cielos y tierra beban della,
aunque es de noche.


Bien sé que suelo en ella no se halla,
y que ninguno puede vadealla,
aunque es de noche.


Su claridad nunca es escurecida,
y sé que toda luz della es venida,
aunque es de noche.


Sé ser tan caudalosas sus corrientes,
que infiernos, cielos riegan, y las gentes,
aunque es de noche.

El corriente que nace desta fuente 
bien sé que es tan capaz y tan potente, 
aunque es de noche.

El corriente que de estas dos procede
sé que ninguna de ellas le precede,
aunque es de noche.


Aquesta Eterna fuente está escondida 
en este vivo pan por darnos vida,  
aunque es de noche.

 
Aquí se está llamando a las criaturas 
porque desta agua se harten aunque a oscuras, 
porque es de noche.


Aquesta viva fuente que deseo  
en este pan de vida yo la veo, 
aunque es de noche.

Poesías – CANCIONES A LO DIVINO DE CRISTO Y EL ALMA

Otras canciones a lo divino de Cristo y el alma.

Un pastorcico solo está penado,
ajeno de placer y contento,
y en su pastora puesto el pensamiento,
y el pecho del amor muy lastimado.


No llora por haberle amor llagado
que no le pena verse así afligido,
aunque en el corazón está herido;
mas llora por pensar que está olvidado.


Que sólo de pensar que está olvidado
de su bella pastora, con gran pena
se deja maltratar en tierra ajena,
el pecho del amor muy lastimado.


Y dice el Pastorcico: ¡Ay, desdichado
de aquel que de mi amor ha hecho ausencia,
y no quiere gozar la mi presencia,
y el pecho por su amor muy lastimado!


Y a cabo de un gran rato se ha encumbrado
sobre un árbol do abrió sus brazos bellos,
y muerto se ha quedado, asido de ellos,
el pecho del amor muy lastimado.

SAN JUAN DE LA CRUZ

Poesías – coplas a lo divino

otras del mismo a lo divino.

Tras de un amoroso lance,
y no de esperanza falto,
volé tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.


Para que yo alcance diese
a aqueste lance divino,
tanto volar me convino, 
que de vista me perdiese;
y con todo en este trance
en el vuelo quedé falto;
mas el amor fue tan alto,
que le di a la caza alcance.


Cuando más alto subía 
deslumbróseme la vista, 
y la más fuerte conquista 
en oscuro se hacía; 
mas, por ser de amor el lance, 
di un ciego y oscuro salto, 
y fui tan alto tan alto 
que le di a la caza alcance.

Cuando más alto llegaba
de este lance tan subido,
tanto más bajo y rendido
y abatido me hallaba;
dije: No habrá quien alcance;
y abatíme tanto, tanto, 
que fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

Por una extraña manera
mil vuelos pasé de un vuelo,
porque esperanza del cielo
tanto alcanza cuanto espera;
esperé sólo este lance,
y en esperar no fui falto,
pues fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

SAN JUAN DE LA CRUZ

Poesías – Noche Oscura


En una noche oscura
con ansias de amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.

A oscuras, y segura
por la secreta escala disfrazada,
¡oh dichosa ventura!
a oscuras, y en celada,
estando ya en mi casa sosegada.

En la noche dichosa
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía,
sino la que el corazón ardía.

Aquesta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía
a donde me esperaba,
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

¡Oh noche, que guiaste,
oh noche amable más que alborada:
oh noche que juntaste
Amado con Amada,
Amada en el Amado transformada!

En mi pecho florido,
que entero para él sólo guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.

El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.

Quédeme, y olvídéme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

SAN JUAN DE LA CRUZ

Poesías – coplas en pena del alma por ver a dios

Vivo sin vivir en mi,
y de tal manera espero,
que muero porque no muero.

En mí yo no vivo ya,
y sin Dios vivir no puedo;
pues sin él y sin mí quedo,
este vivir, ¿qué será?
Mil muertes se me hará,
pues mi misma vida espero,
muriendo porque no muero.

Esta vida que yo vivo
es privación de vivir;
y así, es continuo morir
hasta que viva contigo;
oye, mi Dios, lo que digo
que esta vida no la quiero;
que muero porque no muero.

Estando absente de ti,
¿Qué vida puedo tener,
sino muerte padescer,
la mayor nunca vi?
Lastima tengo de mí,
pues de suerte persevero,
que muero porque no muero.

El pez que del agua sale,
aun de alivio no caresce,
que en la muerte que padesce,
al fin la muerte le vale;
¿qué muerte habrá que se iguale
a mi vivir lastimero,
pues sin más vivo más muero?



Cuando me pienso aliviar
de verte en el Sacramento,
háceme más sentimiento
el no te poder gozar;
todo es para más penar,
por no verte como quiero,
y muero porque no muero.


Y si me gozo, Señor,
con esperanza de verte,
en ver que puedo perderte
se me dobla mi dolor:
viviendo en tanto pavor,
y esperando como espero,
muérome porque no muero.


Sácame de aquesta muerte,
mi Dios y dame la vida;
no me tengas impedida
en este lazo tan fuerte;
mira que peno por verte,
y mi mal es tan entero,
que muero porque no muero.



Lloraré mi muerte ya
y lamentaré mi vida,
en tanto que detenida  
por mis pecados está.
¡Oh, mi Dios!, ¿cuándo será
cuando yo diga de vero:
vivo ya porque no muero?

No me mueve, mi Dios, para quererte

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

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