Proyecto milONGa con Cáritas en Jordania

Mar Sánchez, socia de Focoaljucer, nos relata qué se siente ayudando a desplazados por la guerra y el hambre en Jordania, gracias a Cáritas y el proyecto milONGa.

Cuando vi que tenía la oportunidad de hacer mi experiencia de voluntariado con Cáritas en Jordania, no me lo pensé. Tenía que ir, estar y vivir junto a los jordanos la situación actual que se está viviendo con los refugiados y personas en situación de exclusión y vulnerabilidad social.

Aún recuerdo cuando el Papa Francisco en la Jornada Mundial de la Juventud de 2016 en Cracovia nos decía a los jóvenes: “el tiempo que estamos viviendo hoy no necesita jóvenes-sofá sino jóvenes con zapatos; mejor aún, con los botines puestos. Solo acepta jugadores titulares en la cancha, no hay espacio para suplentes”. Esta frase fue lanzada directamente al corazón, al mío. Algo me decía que el momento era ‘ahora’, que tenía que ponerme las zapatillas y salir, encontrarme con el que más lo necesita. Dar la vida por él.  

Me puse a buscar y entre todas las opciones encontré el Proyecto Milonga que me ofrecía pasar unos meses en Jordania colaborando con la ONG Cáritas en Amman. Este proyecto es una plataforma internacional que nace del deseo de los jóvenes de realizar experiencias de voluntariado social en todo el mundo. Desde el primer momento que supe de esta plataforma, me puse en contacto con los responsables del proyecto y ellos se encargaron de darme toda la información y todo lo necesario para que mi experiencia de cooperación se adaptara mejor a lo que iba buscando y a las necesidades de Cáritas. Mis inquietudes y sus necesidades fue la mezcla perfecta para que mi voluntariado fuera redondo.   

El proceso fue lento, pero cuando por fin obtuve la confirmación de mi voluntariado, me puse en marcha. Las zapatillas ya estaban puestas y la mochila cargada de sueños. Un sueño por estar presente en medio del conflicto y de ser ‘ayuda’ para ellos. De ser partícipe de la historia, de involucrarme y de aportar y dar todo lo que tenía en mis manos. Antes de subir el avión, tenía un objetivo claro: donar los talentos que había aprendido durante los cuatro años en la Facultad de Comunicación. Me doy cuenta, que hoy más que nunca, la comunicación se hace imprescindible, se necesita para comunicar realidades y acercar culturas. Durante mi voluntariado estuve trabajando con el equipo de comunicación en el centro principal de voluntarios en Amman.

El trabajo de Cáritas responde a las necesidades humanas que han surgido y siguen surgiendo debido a la guerra y, en consecuencia, de los problemas migratorios que ello supone. Cientos de familias sin hogar y sin un futuro claro. De lo que pude aprender durante mi experiencia jordana es conocer más de cerca la realidad de Cáritas. Uno de los objetivos que tiene la organización es desarrollar el auto-potencial de las personas necesitadas para apoyar su inserción en el trabajo y puedan tener una vida decente. La ONG cuenta con una gran red de instituciones educativas, facilitando el acceso a niños y adolescentes a ingresar en el sistema educativo una vez que llegan al país. Así como aquellos jordanos que no tienen el suficiente soporte económico para acceder a ella.

Además, la organización tiene repartidos por todo el país hospitales y centros de salud, que cubren las necesidades de personas sin recursos económicos o refugiados, de Siria e Iraq principalmente, que necesitan asistencia sanitaria. El trabajo de Cáritas es enorme, acogen a todo el que llega proporcionándole un lugar donde residir y tratando de involucrarlo en la vida cotidiana jordana siendo un ciudadano más. De hecho, Cáritas se encarga de dar trabajo a todas las personas que lo necesitan. Ya sea como voluntario o trabajando en talleres creando productos de materiales reciclados y hecho a mano para luego venderlos y que estas personas puedan auto sostenerse. Crean desde bolsos, vestidos, sillas y mesas de madera, etc. Además, Cáritas cuenta con huertas de plantación de oliva para vender aceite y crear jabones. Tiene el “Restaurant of Mercy”, un restaurante donde trabajan refugiados iraquíes, sirios y jordanos encargados de cocinar y servir comida en los distintos eventos o proyectos que van teniendo durante la semana.

También se encarga de distribuir mantas, calentadores, ropa de cama, colchas, toallas, esteras de plástico, almohadillas sanitarias, colchones, bidones, almohadas, bolsas de leche, bolsas escolares, material escolar, kits de higiene y alimentos en las zonas donde más se necesita, como Mafraq, una ciudad al norte que hace frontera con Siria y donde se sitúa Zaatari, el segundo campo de refugiados más grande del mundo, ubicado a 10 km al este de la ciudad de Mafraq; o Shobak, una ciudad al sur donde viven cerca de 200 familias en riesgo de exclusión social. Cáritas no va por libre, sino que además trabaja y colabora con organizaciones como UNICEF y ACHNUR donde se reparten tareas y se apoyan mutuamente.

Para mí ha sido un aprender del día a día y de cada persona. Estos meses de voluntariado me ha dado una visión más próxima y real de la vida cotidiana del pueblo jordano y un poquito más, la realidad de medio oriente. Ha sido una experiencia única, de amor y fraternidad. Estoy y estaré eternamente agradecida de este pueblo que me acogió desde el minuto uno y que me acompañó durante todo mi viaje. La realidad jordana es muy distinta a la que vemos en las noticias y medios de comunicación.

He conocido gente maravillosa, gente que me ha enseñado cómo es Jordania. Acogedora, solidaria y respetuosa. En Jordania puedes encontrar lugares mágicos como la ciudad perdida de Petra o majestuosos paisajes y coloridos como el desierto de Wadi Rum, o darte un baño en el mar muerto. Se puede disfrutar de un paseo por las calles del famoso Boulevard en Amman, donde se sitúan las tiendas y restaurantes más lujosos de la ciudad hasta caminar por “downtown”, la parte más antigua de la capital, donde se sitúan los mercados a pie de calle o visitar la famosa mezquita de Al-Husseini.

Para mí, la experiencia de cooperación internacional me ha aportado una visión global capaz de dar respuesta a muchas preguntas e inquietudes de muchos ciudadanos en occidente acerca de la situación migratoria actual en los países árabes. He tenido la oportunidad de estar presente en medio de este conflicto. La guerra ha acabado con el sueño de muchas familias, pero ello no impide que estas familias sean felices y tengan una vida normal en el país de acogida. En ellos se respira un atisbo de esperanza, sueños y anhelos por cumplir y eso se refleja en la vida diaria de estas personas que van adelante con una sonrisa a pesar de las adversidades.

Nosotros jóvenes, debemos ponernos las zapatillas y caminar con ellos, acompañarlos en su viaje. Ya sean unas horas, días, meses o años. Dejadles que durante este tiempo incierto descarguen el peso de su mochila en la vuestra. Dejad que entren en vuestras vidas, que os reciban y os digan “welcome”, lo que para ellos significa bienvenido y gracias al mismo tiempo. Una manera de darnos la bienvenida y de agradecimiento de ser parte; de estar presente. Mi gratitud hacia todas las personas que conocí y momentos que viví, es lo que a mí me acompañará siempre. Si no tienes zapatillas, yo te presto las mías.

Mar Sánchez.

Este artículo ha sido publicado también en la web de la Fundación Igino Giordani, la cuál la ayudó y orientó para realizar la experiencia.

2017 05 23 mar milonga jordania
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