La paz deja huella. Testimonio de Isabel Martínez

Recientemente, Isabel Martínez, profesora del IES Vega del Táder de Molina ha estado en Aljucer participando en una mesa redonda sobre Educación durante la visita del profesor Roberto Roche a nuestro pueblo. Hemos aprovechado para pedirle que nos contara su experiencia con el proyecto Livin Peace (Vivir la Paz) que ha desarrollado en su Instituto.
Nos parece interesante porque este proyecto ha implicado a las autoridades civiles (alcalde) y a la dirección del Centro, con lo cual toda la sociedad educativa ha estado al tanto.
Hace unos meses nos hicimos eco de esta experiencia. Ahora vamos a recoger el artículo publicado en la revista Ciudad Nueva.

La 3ª edición del Festival Internacional Living Peace tuvo lugar en El Cairo el pasado 6 de abril. Se trató de una manifestación pública en la que se presentó la labor realizada a lo largo del año por unos 25.000 alumnos de escuelas de 103 países. Living Peace se caracteriza por la participación de estudiantes y docentes en iniciativas de educación a la paz, dando lugar a una red mundial de personas e instituciones que llevan a cabo proyectos según sus posibilidades, favoreciendo la creatividad de los alumnos. Desde su nacimiento, Living Peace ha suscitado el interés de organismos internacionales como el World Peace Forum.

Sencilla iniciativa que motiva a los alumnos a adquirir el valor de la paz en el aula.
Tomado de la revista Ciudad Nueva
http://www.ciudadnueva.com/new/revista/numero/numero2.asp?id=1729

Por Isabel Martínez

 

 

Trabajo en el IES Vega del Táder de Molina de Segura (Murcia), donde imparto clases de Sociales en 1º de la ESO y Ámbito Socio-Lingüístico en Diversificación.
Desde que empecé a trabajar en la enseñanza he procurado entablar con los alumnos relaciones que están basadas en el «arte de amar». Por «arte de amar» entiendo esas cualidades que caracterizan el amor evangélico: amar a todos, ser el primero en amar, amar al enemigo, ver a Jesús en el otro, etc. A lo largo de los años este estilo se ha convertido en una forma natural de “estar” con mis alumnos. Por otra parte, una de mis inquietudes es que los alumnos no pierdan los valores que han aprendido desde pequeños en su familia, y uno de esos valores sin duda es la paz.

En septiembre de 2013 participé en un congreso internacional sobre temas de educación. En dicho congreso conocí al profesor uruguayo Carlos Palma, que actualmente reside en El Cairo y es coordinador de actividades extraescolares de varios colegios en Egipto. Me impactó mucho la labor que estaba llevando a cabo no sólo en Egipto, sino también en colaboración con colegios de más de veinte países. La finalidad de su actividad educativa consistía en poner de relieve el valor de la paz. Volví de aquel congreso con la idea de conocer mejor en qué consistía el proyecto Living Peace (Vivir la Paz).

Apenas comenzó el curso, recibí un correo electrónico con la información completa sobre cómo participar en este proyecto y con algunas propuestas concretas para llevarlo a cabo. Al reenviar este correo a una profesora amiga mía me equivoqué y se lo envié a la profesora de Religión de mi instituto, Mª José Carrascosa. Al día siguiente vino a mi clase para decirme que, si quería, podíamos ponerlo en marcha juntas. Su interés fue para mí una sorpresa. Además, las grandes metas se alcanzan mejor en colaboración con otros y este proyecto era una oportunidad estupenda para que nuestros alumnos entendieran que es necesario valorar la paz y vivir por los demás. Así que pusimos manos a la obra.

Antes que nada, acudimos a las autoridades del instituto y del pueblo. Con un grupo de 3º de ESO nos entrevistamos con el alcalde, Eduardo Contreras, y le expusimos la idea. Quedó muy contento y respondió con sinceridad a las preguntas de los chicos, gratamente sorprendido de ver en ellos esos ideales. «Proyectos como este, que completan la mera instrucción en conocimientos con la educación integral como personas, con sus valores inalienables, harán que no esté todo perdido y que haya salida en este mundo de luces deslumbrantes que sin embargo no alumbran», nos dijo entre otras cosas. Los alumnos le pidieron el pendón municipal para enviarlo a Egipto, y el 6 de abril el pendón con el nombre de nuestro instituto desfiló junto con otras 103 banderas en el Festival Internacional Living Peace que se llevó a cabo en El Cairo.

A partir de ese momento se trataba de concienciarnos todos de la necesidad de la paz y construirla. Organizamos un concurso de posters con motivos sobre la paz, un concurso de fotografía y otro de poesía. Todos los días, a las 12, teníamos un momento de reflexión sobre la paz en el que recordábamos todos los lugares en conflicto, como Siria, África Central, Egipto, etc. Con todo este material montamos una gran exposición en el centro. Además, una vez a la semana tirábamos el «dado de la paz», lo cual ha permitido a los alumnos hacer muchas experiencias que les han ayudado a relacionarse mejor en el instituto, en la familia y en los ambientes donde se mueven.

Nos hubiese gustado ir a Egipto para participar en el Festival Internacional Living Peace, pero no era posible. Tampoco el 6 de abril pudimos reunirnos para verlo en directo por internet, pues era domingo, pero el lunes organizamos una mesa redonda a la que asistieron unos trescientos alumnos de 3º y 4º de la ESO. Primero hubo una charla sobre el tema de la paz, que partía de los grandes conflictos internacionales para luego descender a las situaciones que realmente se dan en los institutos: peleas, acoso escolar, faltas de respeto, uso indebido del móvil, etc. Luego un padre de familia contó como construye la paz en su familia y con sus vecinos, y una joven hizo lo propio contando cómo da su tiempo en una asociación gitana. Algunos alumnos estaban impresionados de haber visto a un padre contando sus experiencias.

Esta experiencia ha sido la constatación de que las grandes metas se pueden alcanzar haciendo las cosas juntos, sabiendo perder ideas, acogiendo las propuestas de los demás. Hemos trabajado duramente en estos meses, pero también hemos recibido mucho con el trabajo de los chicos. Y ellos se han sentido felices. Mi compañera estaba satisfecha y el resto de profesores y la directiva también han valorado positivamente la actividad.

Espero que deje huella. El otro día, al entrar en clase un chico me preguntó si no tirábamos el «dado de la paz». Me di cuenta de que el hecho de tener un lema para vivirlo cada semana se ha convertido en algo normal para ellos. Nos salió la frase: «Ser honesto consigo mismo y con los demás». Los cambios se notan en estas pequeñas cosas.